lunes, 12 de julio de 2010

9 de Julio - Ferrara y periplo veneciano

Nos resultó un poco decepcionante esta ciudad, que también es Patrimonio de la Humanidad; en este caso, por un centro histórico renacentista y medieval. Para empezar, las obras; ya nos hemos encontrado con varias ciudades con obras que tapan o "mutilan" algunos monumentos. En el caso de Ferrara, además, las calles estaban levantadas con gran ruido de máquinas y trasiego de enfadados vehículos.

El castillo medieval, en el centro del casco histórico, y la catedral y sus alrededores fueron lo más interesante. Agobiados por las bicis, ya que no los coches -el casco antiguo, como ya se ha comentado, está cerrado al tráfico rodado en la mayoría de las ciudades históricas que hemos visitado-, pasando un calor extraordinario y acosados por los mosquitos, dijimos adiós a Ferrara para llegar por una vez con un poco de desahogo a Venecia.

O eso pensábamos. Nuestro plan era dejar el coche en los aparcamientos más baratos de la costera Mestre (ciudad dormitorio, o de expansión, de la masificada isla), y desde allí, coger el tren hasta la estación de Santa Lucía en la misma Venecia. Pero tras pelearnos con las señales y elegir el giro erróneo en una rotonda, acabamos en el camino inexorable a Venecia, hacia el puente que conecta la ciudad con tierra. A mitad de camino paramos en un aparcamiento en mitad de ninguna parte con intención de dejar el coche y tomar el tren en una parada intermedia... y hete aquí que descubrimos... ¡que había huelga de transportes!

Como no se puede luchar contra los elementos, decidimos continuar hasta la misma isla y dejar el coche en los aparcamientos de la isla Tronchetto, que, aunque más caros, nos permitieron por fin dejar el coche y dedicarnos a disfrutar.

El paseo del coche al hotel fue ya un preludio de lo que íbamos a disfrutar. Había que ver la cara de Lurdes al cruzar los primeros puentes.. un cielo azul, el agua verde, los gondoleros, los palazzos y las iglesias.. dejamos las bolsas en el hotel, muy limpio y aseado por cierto (tengo que hablar de los alojamientos cuando encuentre un hueco!) y salimos a pasear por las calles de nuestro barrio o sestiere, Canareggio. Al alejarnos de las calles principales y de las masas turísticas empezó a obrar la magia. Yo, la verdad, estaba ilusionado por Lurdes; el descubrir una ciudad así por primera vez es una sensación única. Y le gustó, vaya si le gustó. Apenas podía dar dos pasos sin detenerme a esperarla, asombrada, extasiada o boquiabierta con cada canal, cada trozo de historia, cada piedra, cada gaviota, cámara en mano disparando sin parar, sonriente y contenta. Venecia es para ella.

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