viernes, 16 de julio de 2010

14 de Julio - El lago Garda en su (no) esplendor

Nos acostamos tarde la noche anterior, asíi que hoy lo tomamos con calma. Caminar por las calles de las ciudades con este calor tan tremendo que hace es como nadar en una piscina caliente.. el aire se le queda a uno pegado a la piel y a la ropa.

El lago es parte de tres provincias distintas; Verona, Brescia, y una provincia norte. Cuando preguntamos en cualquier oficina de turismo, según la provincia a la que pertenezca ésa es la información que nos dan; por tanto, siempre fragmentaria.

De las dos orillas del lago Garda, decidimos explorar la Este, es decir, la veronesa. Habíamos leído que es una provincia vinícola y con algunos pueblos costeros medievales y renacentistas. La orilla Oeste, por contra, parecía repleta de iglesias y nada más. La orilla norte (el Norte, ese gran desconocido) caía demasiado lejos de nuestro alcance por ser accesible sólo por carreteras estrechas y tortuosas.

En cualquier caso; vaya chasco de lago. Descubrimos a nuestro pesar que las orillas del lago están repletas de campings, hoteles, ciudades y plantas. Las playas no son playas de arena sino playas de piedrolas, piedrecitas a lo sumo; vamos, que no son playas en un sentido estricto malagueño. Tras varias intentonas frustradas de acercarnos con el coche entre las urbanizaciones y campings, finalmente logramos aparcar a tomar viento de un pueblo y tras acercarnos laboriosamente a pie hasta una raquítica playita nos dimos un chapuzón en un agua calentorra y atestada. El chapuzón al menos nos refrescó momentáneamente. Tras salir, el caldo ambiente nos dejo de nuevo aplatanados.

Recorrimos así un par de pueblos más. La carretera, mala, estaba salpicada de rotondas y pasos de cebra que nadie respeta, Comimos un poquito en un hotel y nos volvimos a Verona, ciudad que nos encantó. Pasamos allí el resto de la tarde, disfrutando de un paseo nocturno por sus bonitas calles y plazas. Yo me conecté un rato a internet para seguir escribiendo el blog, Lurdes se fue por su cuenta a dar una vuelta y seguir explorando esta ciudad que nos ha enamorado. Al anochecer, encontramos una enoteca familiar donde tomamos un buen vino y una buena cena antes de volver al hotel en Garda, desencantados por el lago pero contentos por haber podido disfrutar, por última vez en nuestro viaje, de Verona.

No hay comentarios:

Publicar un comentario