lunes, 19 de julio de 2010

18 de Julio - Bérgamo y vuelta a casa

Bajamos de las alturas de Como mucho más tranquilamente que a la ida. Ahora sabíamos a dónde ir a diferencia de dos días atrás. Cruzamos el pueblo y las carreteras lombardas hasta Bérgamo, donde aparcamos y nos dimos una pequeña vuelta. El casco antiguo está en lo alto de una colina, y desde las antiguas murallas se pueden ver las torres y casas del moderno Bérgamo sin que sea difícil imaginarse los antiguos campos de labranza.

El pueblo es pequeño pero tiene una preciosa plaza medieval, cerrada, a la que se llega tras cruzar un tranquilo y solitario lavadero. La plaza tiene unas escaleras decoradas con geranios en uno de sus lados, y una fuente de leones en el centro que recuerda la dominación veneciana. Junto a ella, la capilla de los señores de la villa, ricamente labrada.

Después de esta última visita nos dirigimos al aeropuerto. Entregamos el coche de alquiler -no han notado un pequeño rallón que nos hicieron en un aparcamiento- y fuimos a hacer el checkin de maletas. Pero oh sorpresa! Sobrepasamos el límite permitido de peso en 12 kg, y la azafata nos informó de que había que pagar un suplemento de.. 20e por kg extra! Ante la situación decidimos comprar otra maleta y facturarla adicionalmente, con su gasto extra correspondiente. Esto nos pasa por elegir Ryanair..

Superado el último incidente esperamos tranquilamente a que llegara nuestro vuelo y nos trajera de vuelta a Madrid. Ha sido un viaje muy completo y ajetreado. Lo hemos pasado bien.

Finalmente tengo que volver a acordarme de Carolina y Luis, quienes no han podido disfrutar de él. Espero que Caro se recupere pronto.

Hasta la próxima!

domingo, 18 de julio de 2010

17 de Julio - Como y alrededores

Pues creo que el esfuerzo sí que valió la pena. Toda la subida en coche, por empinadas calles de un solo carril, al final se puede resumir en un pequeño trayecto en autobus, y una rápida bajada en funicular, desde el que se tienen unas increíbles vistas sobre el lago y la ciudad de Como. Esa fue la ruta que seguimos este sábado por la mañana para llegar a la ciudad. Nada más bajar, preguntamos en la oficina de turismo y nos recomendaron una ruta por el lago en barco, que decidimos tomar.

Para nuestra alegría, Como no es igual que Garda, tal vez por lo escarpado del terreno o por la peor calidad de las carreteras, que hacen el lago más inaccesible. Aquí los pueblos se extienden desde el lago hacia la montaña como un racimo de uvas, buscando las vertientes naturales. En los pocos espacios algo más llanos -pequeños siempre- se agolpan los campanarios y las casitas unas encima de otras formando imágenes de postal. A la orilla, las casas de los afortunados, algunas veces con su ascensor para acercar a los propietarios a una carretera superior, o al resto del pueblo.

La vuelta por el lago nos encantó. Vimos cascadas, palacios con entradas majestuosas de estatuas y cenadores que dan al lago, puertos mínimos, césped recortado en la orilla empedrada. Yo dormí un poco a la vuelta, con la brisa del lago refrescándome. Las montañas están todas verdes hasta lo alto. En los puertos y barcos todos sonríen. Evidentemente, Como no es el mar del Norte.

Después del paseo en barco y tras la comida nos acercamos a uno de los palacios de Como, que albergaba una exposición de Rubens. Dudamos entre la exposición y darnos un baño; finalmente prevaleció la segunda opción porque la tarde era cálida y un poco bochornosa. Tampoco en Como hay playas, nos sorprendió encontrar que nadie se baña y si lo hacen, es en piscinas junto al lago. Nosotros nos cambiamos en unas escaleras que bajaban hacia el lago, entre los barcos, y ahí nos dimos un chapuzón que nos sentó divinamente. El agua está limpia y prueba de ello son los numerosos patos y peces que pueden verse por todas partes.

A media tarde cogimos el funicular de vuelta y estuvimos esperando tranquilamente a que llegara el último autobús para subirnos de vuelta a nuestro hotel. En el hotel nos tomamos un vinito muy relajados mientras observamos el atardecer en el lago y el acercamiento de una tormenta desde la cercana Suiza. Echamos muchísimas fotos porque la vista era preciosa y terminamos el día descansados y contentos habiendo aprovechado nuestro día en el lago mucho más de lo que esperábamos.

viernes, 16 de julio de 2010

16 de Julio - Más Milan

Terminamos de rematar la faena en Milán el día de hoy. Nos acercamos a primera hora a subir aì las torres de la catedral. Unas vistas preciosas y una catedral increíble. Las numerosas estatuas observan al mundo desde las alturas y otorgan una majestuosidad sin igual al edificio. Nos extendimos más de lo que deberíamos en las alturas porque lo merecía.

Tras la catedral, nos dirigimos a la iglesia de San Ambrosio, que alberga antiguos mosaicos, no tan hermosos como los de Rávena pero sí igual de antiguos. Un poco más al norte nos acercamos a Santa María de Gracia con la intención de ver La Última Cena de Da Vinci; por desgracia, sólo se puede visitar previa reserva, y todas las visitas estaban completas para el fin de semana. Otra vez será.

Desde esta iglesia y ya notando de nuevo los efectos del calor conseguimos entrar a tiempo en el museo de arte contemporáneo, donde pudimos ver una chocante exposición del artista chino Zhang Huan. Yo ya había visto parte en Madrid, Lurdes no recordaba nada. A ambos nos gustó verla. Después entramos en el cercano Museo de Arte Moderno donde pudimos ver algunos cuadros más, impresionistas los mejores, como el famoso Tercer Poder.

Terminadas las visitas culturales dedicamos un rato más a pasear por las famosas calles de moda de Milán -Gucci, Versace, Dolce&Gabanna, etc etc- sin conseguir que nos echaran por "mal aspecto". Despedimos a Milán con un heladito antes de salir hacia el lago Como.

La travesía hacia nuestro hotel en el lago Como también fue una pequeña odisea. El hotel esta situado en todo lo alto de un monte cercano y hay que recorrer estrechas y empinadas carreteras para llegar a él. Desde allí escribo; espero que el esfuerzo de llegar aquí valga la pena.

15 de Julio - Milán

Tan desencantados quedamos del lago Garda que decidimos recortar en un día su visita para ampliar el tiempo a pasar en Milán. Así que hoy nos levantamos, recogimos las cosas para dejar el hotel en Garda (el dueno simpatiquísimo, por cierto) y nos acercamos antes de irnos a visitar las ruinas romanas de Sirmione, las llamadas Grutas de Catullo.

Estas ruinas corresponden a un complejo de casas y templos situados, astutos romanos, justo en el término de la península de Sirmione, con vistas de casi 360 grados sobre todo el lago. Nos resultaron interesantes, aunque nosotros, que hemos visto ya Roma y Atenas, hemos ya alcanzado tiempo atrás el techo de nuestra poca erudición en el tema. La visita sirvió además para perder de nuevo un par de litros de líquido corporal y tomar unas granizadas riquísimas.

Milán es una ciudad de gran historia, que llegó a ser capital del imperio romano. Fue destruida, abandonada y reconstruída varias veces, siempre surgiendo más poderosa e innovadora tras cada renacimiento. Después de la reunificacion de Italia, compitió con la mismísima Roma para ser la capital, y aunque no fue la elegida, sí es capital de facto en varios aspectos; el económico y cultural.

El hotel en Milán lo cogimos expresamente lejos del centro. De acuerdo a todos los comentarios que habíamos recibido, e incluso a las recomendaciones de las guías de viajes, no es aconsejable entrar con el coche al centro de Milán. Dejamos por tanto el coche en el hotel y nos desplazamos al mediodía al centro en autobús y luego en metro. Creo que hicimos bien.

Lo primero que vimos cuando salimos del metro fue la tremenda catedral de Milán, una fachada inmensa y blanquísima decorada con cientos de estatuas y ornamentos. Personalmente, no creía que fuera a impresionarme tanto como lo hizo. Tanta es su riqueza y complejidad que tardó más de seiscientos años en completarse.

El interior está pensado para sobrecoger. Tiene una planta de cinco naves -hecho poco habitual, lo acostumbrado es tres- y un techo altísimo; en las naves laterales hay vidrieras estrechas pero muy alargadas de una gran belleza. Dedicamos largo rato a descubrir las historias en ellas talladas, y a deleitarnos con los colores deslumbrantes de la vidriera trasera por la que entraba el sol de la tarde. El presbiterio era simple pero elegante. Circular, elevado con escaleras concéntricas, un simple altar en su centro otorga toda la relevancia al rito en sí más que a los ornamentos y decoraciones.

Salimos de ella muy impresionados. Cruzamos la cercana galería de Victor Manuel, que celebra la unificación de Italia, y nos dirigimos hacia el distrito noroeste, donde cruzamos a través del castillo de los señores feudales milaneses (los Sforza) y paseamos un rato por un parque coronado por un arco del triunfo napoleónico. En el interín nos picaron abundantes bichos, eso sí. Milán rebosa vida por sus calles, y se nota que es una ciudad tocada por la moda. Lurdes estaba (me dice en estos momentos que hay una expresión francesa para ello, lache vitrine) muy sorprendida por los modelitos que llevan las chicas, sobre todo las que van en bici. Ella también me hizo notar la gran cantidad de mujeres árabes, cubiertas por sus negros ropajes de pies a cabeza, que entraban y salían de las más famosas tiendas de moda.

Tras buscar infructuosamente durante más de una hora un lugar decente para cenar -en Milán son corrientes los viajes de negocios, y muchos locales ajustan sus precios pensando en ello- nos tomamos unos kebab y nos volvimos tan panchos al hotel muy contentos por haber descubierto esta ciudad tan interesante.

14 de Julio - El lago Garda en su (no) esplendor

Nos acostamos tarde la noche anterior, asíi que hoy lo tomamos con calma. Caminar por las calles de las ciudades con este calor tan tremendo que hace es como nadar en una piscina caliente.. el aire se le queda a uno pegado a la piel y a la ropa.

El lago es parte de tres provincias distintas; Verona, Brescia, y una provincia norte. Cuando preguntamos en cualquier oficina de turismo, según la provincia a la que pertenezca ésa es la información que nos dan; por tanto, siempre fragmentaria.

De las dos orillas del lago Garda, decidimos explorar la Este, es decir, la veronesa. Habíamos leído que es una provincia vinícola y con algunos pueblos costeros medievales y renacentistas. La orilla Oeste, por contra, parecía repleta de iglesias y nada más. La orilla norte (el Norte, ese gran desconocido) caía demasiado lejos de nuestro alcance por ser accesible sólo por carreteras estrechas y tortuosas.

En cualquier caso; vaya chasco de lago. Descubrimos a nuestro pesar que las orillas del lago están repletas de campings, hoteles, ciudades y plantas. Las playas no son playas de arena sino playas de piedrolas, piedrecitas a lo sumo; vamos, que no son playas en un sentido estricto malagueño. Tras varias intentonas frustradas de acercarnos con el coche entre las urbanizaciones y campings, finalmente logramos aparcar a tomar viento de un pueblo y tras acercarnos laboriosamente a pie hasta una raquítica playita nos dimos un chapuzón en un agua calentorra y atestada. El chapuzón al menos nos refrescó momentáneamente. Tras salir, el caldo ambiente nos dejo de nuevo aplatanados.

Recorrimos así un par de pueblos más. La carretera, mala, estaba salpicada de rotondas y pasos de cebra que nadie respeta, Comimos un poquito en un hotel y nos volvimos a Verona, ciudad que nos encantó. Pasamos allí el resto de la tarde, disfrutando de un paseo nocturno por sus bonitas calles y plazas. Yo me conecté un rato a internet para seguir escribiendo el blog, Lurdes se fue por su cuenta a dar una vuelta y seguir explorando esta ciudad que nos ha enamorado. Al anochecer, encontramos una enoteca familiar donde tomamos un buen vino y una buena cena antes de volver al hotel en Garda, desencantados por el lago pero contentos por haber podido disfrutar, por última vez en nuestro viaje, de Verona.

miércoles, 14 de julio de 2010

13 de Julio - Verona, la ciudad del amor

Sí, la ciudad del amor, y de Romeo y Julieta. No esperábamos mucho de esta ciudad tras haber visitado ya unas cuantas del mismo estilo -renacentistas, medievales, romanas- pero la verdad es que Verona nos sorprendió mucho, y no sólo por el mito de los amantes. Con un casco historico muy cuidado y ajetreado pero no demasiado, encontramos muchas cosas que ver. El colosal anfiteatro romano, el segundo más grande de Europa, centraliza la atención nada más llegar. Sin embargo reservamos su visita para la noche, pues tenemos compradas entradas desde Junio para la ópera Aída del festival de verano.

En vez de eso nos dirigimos hacia las plazas renacentistas y medievales de Signori y del Erbe. En la primera, una estatua de Dante observa la alta torre Lamberti y las cercanas tumbas de una de las poderosas familias locales, los Scaligeri (de los que también hemos encontrado rastros en el lago Garda). En la segunda, encontramos varias fuentes y un mercadillo local con la virgen del pueblo, que en realidad, es una antigua figura romana.

En una calle cercana entramos a la llamada casa de Julieta, de la casa de la familia de los Capella -de ahí viene el nombre teatral de Capuleto. Nos divertimos leyendo los fragmentos de la obra de Shakespeare y las diversas pinturas que recuerdan el mito.

Sin poder parar recorrimos después varias iglesias importantes de diversos periodos históricos y el teatro romano. El calor hizo estragos en nosotros y acabamos rendidos, con apenas tiempo suficiente de tomar un pequeño almuerzo-cena y un café como antesala de la ópera.

Aída es un enrevesado folletín egipcio donde el capitán de la guardia, el faraón y su hija, y los esclavos etíopes se entremezclan al ritmo que marca Verdi. Nos gustó la escenografía y el colorido; una inmensa piramide móvil dominaba el antiguo escenario romano, y la numerosa corte del faraón nos deslumbró con sus coreografías. Aún no terminamos de coger el gusto a esta modalidad teatral -sin el libreto no nos hubiéramos enterado de nada- pero el escenario y el momento sí fueron muy aprovechados. El culo, eso sí, se resintió tras las casi cuatro horas de suplicio sobre las gradas de piedra.

Volvimos a Garda a tiempo para tomarnos unas cervezas, refrescarnos y descansar hasta bien entrado el día siguiente.

12 de Julio - Primer contacto con los lagos

Como introducción y siguiendo el ejemplo de algunas intrascendentes charlas, hablaré del tiempo. Estamos pasando un calor tremendo. Desde luego que vamos prevenidos; llevamos botellas de agua y paramos frecuentemente, pero el calor no nos lo quita nadie. Sudamos como cosacos, si es que los cosacos sudan. Sudamos como polos helados puestos sobre una sartén. La ventaja es que nunca se nos caen los planos pues se quedan pegados a las manos. No voy a comentar las desventajas porque llenarían varios blogs.

En fin, descansamos tranquilamente en Vicenza y su cómodo hotel para, por la mañana, realizar una de las rutas, la Paladina por supuesto en honor a Andrea Palladio, siguiendo las indicaciones de una audioguía por mp3 que alquilamos en la oficina de turismo. Como esperábamos, no nos aportó demasiado, yo no llegué a comprender porqué la Unesco ha protegido a tantos de estos edificios cuando en nuestro pais tenemos otros tantos igualitos y sin protección alguna. Los motivos de la ONU son inestructables. La gran pena, que por ser lunes todos los museos y edificios estaban cerrados al público.

Invertimos el resto del dia a desplazarnos a Sirmione, a orillas del lago Garda, donde tuvimos un primer contacto con los lagos del norte de Italia. Primera; no tienen playas, si acaso, playas de piedrecitas. Segunda; hay muchos, muchísimos turistas en verano. Tercera; todo terreno en contacto con el agua está ocupado bien por hoteles, bien por embarcaderos, bien por campings, ciudades, plantas y patos. Acostumbrados al espacio costero en nuestra Málaga natal, dudamos que los lagos nos lleguen a emocionar mucho.

Recorrimos la península de Sirmione, con su castillo medieval, y pasamos una buena velada nocturna escuchando un concierto de música de un colegio inglés capeando la humedad y el calor con movimientos suaves y pausados.