domingo, 18 de julio de 2010

17 de Julio - Como y alrededores

Pues creo que el esfuerzo sí que valió la pena. Toda la subida en coche, por empinadas calles de un solo carril, al final se puede resumir en un pequeño trayecto en autobus, y una rápida bajada en funicular, desde el que se tienen unas increíbles vistas sobre el lago y la ciudad de Como. Esa fue la ruta que seguimos este sábado por la mañana para llegar a la ciudad. Nada más bajar, preguntamos en la oficina de turismo y nos recomendaron una ruta por el lago en barco, que decidimos tomar.

Para nuestra alegría, Como no es igual que Garda, tal vez por lo escarpado del terreno o por la peor calidad de las carreteras, que hacen el lago más inaccesible. Aquí los pueblos se extienden desde el lago hacia la montaña como un racimo de uvas, buscando las vertientes naturales. En los pocos espacios algo más llanos -pequeños siempre- se agolpan los campanarios y las casitas unas encima de otras formando imágenes de postal. A la orilla, las casas de los afortunados, algunas veces con su ascensor para acercar a los propietarios a una carretera superior, o al resto del pueblo.

La vuelta por el lago nos encantó. Vimos cascadas, palacios con entradas majestuosas de estatuas y cenadores que dan al lago, puertos mínimos, césped recortado en la orilla empedrada. Yo dormí un poco a la vuelta, con la brisa del lago refrescándome. Las montañas están todas verdes hasta lo alto. En los puertos y barcos todos sonríen. Evidentemente, Como no es el mar del Norte.

Después del paseo en barco y tras la comida nos acercamos a uno de los palacios de Como, que albergaba una exposición de Rubens. Dudamos entre la exposición y darnos un baño; finalmente prevaleció la segunda opción porque la tarde era cálida y un poco bochornosa. Tampoco en Como hay playas, nos sorprendió encontrar que nadie se baña y si lo hacen, es en piscinas junto al lago. Nosotros nos cambiamos en unas escaleras que bajaban hacia el lago, entre los barcos, y ahí nos dimos un chapuzón que nos sentó divinamente. El agua está limpia y prueba de ello son los numerosos patos y peces que pueden verse por todas partes.

A media tarde cogimos el funicular de vuelta y estuvimos esperando tranquilamente a que llegara el último autobús para subirnos de vuelta a nuestro hotel. En el hotel nos tomamos un vinito muy relajados mientras observamos el atardecer en el lago y el acercamiento de una tormenta desde la cercana Suiza. Echamos muchísimas fotos porque la vista era preciosa y terminamos el día descansados y contentos habiendo aprovechado nuestro día en el lago mucho más de lo que esperábamos.

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