Dedicamos todo el seis de Julio a visitar de nuevo Florencia. Ambos ya la conocíamos, al menos de pasada. El centro histórico es pequeño con lo que nuestro plan fue recorrer la ciudad tranquilamente, sin prisas, y disfrutando del trayecto.
Llegamos a media mañana y nos sumergimos en la vorágine de turistas depositados en la ciudad. Ya no recordaba lo que era. Decidimos dejar los lugares principales para la noche, cuando los turistas ocasionales se hubieran marchado. Estuvimos callejeando; pasamos por la casa donde vivió Miguel Ángel, y por la iglesia donde están enterradas todas las celebrities de la época (Galileo, Miguel Ángel, Maquiavelo, Rossini, Marconi...), la Santa Croce. Paseamos también por algunos palazzos, como el de Cosme el Viejo, y por las basílicas que construyeron los Medici.
Tras la comida, fuimos de nuevo en busca de más iglesias. Pudimos entrar a la de Santa María Novella; fue un poco saturación de arte eclesiástico, la verdad. Para despejarnos, cruzamos el Ponte Veccio, precioso y mágico como esperábamos, con todas sus tiendas de orfebrería. Cuenta la historia que antiguamente había tiendas de curtidores y herrerías, que como era de esperar, usaban el propio río para arrojar los desperdicios; en una ocasión, uno de los Grandes Duques cruzó el puente y se quedó asqueado del terrible olor. Mandó expulsar a todos los comerciantes y trasladó en su lugar a los orfebres, gremio con mejor reputación olfativa.
Al otro lado del Ponte Veccio no pudimos visitar los jardines de los Pitti, ya cerrados, pero sí pudimos realizar una pequeña excursión a lo alto del monte para ver de lejos la ciudad renacentista. Fue un poco paliza porque hace mucho calor, pero el esfuerzo mereció la pena. Las vistas desde lo alto eran inmejorables. Además pudimos disfrutar de una pequeña iglesia (otra!) donde monjes cantaban cantos gregorianos en la penumbra.
Bajando de nuevo hacia el centro, según se acercaba la tarde, fue cuando más pudimos disfrutar de la ciudad. El sol se ponía detrás del Ponte Veccio, en la playa pantallas gigantes retransmitían un partido del mundial de fútbol, y nosotros nos sentamos frente al palacio ducal, bajo la mirada del David de Miguel Ángel, disfrutando de los siglos de historia y arte que teníamos ante nuestros ojos.
No hay comentarios:
Publicar un comentario