Aunque no es cierto, Siena no es imperial sino republicana, la idea que se queda en la cabeza tras visitarla es de majestad. Siena, la ciudad orgullosa de sus orígenes, pues tiene lobas amamantando niños en casi todas sus plazas. Siena, con su extraña y original plaza con forma de concha, donde el centro de poder que representa el palacio ducal está extrañamente situado a nivel más bajo que todos los edificios que la rodean. Siena, con su Palio, la fiesta que repiten cada dos de Julio (no la hemos podido ver en directo, sí por la TV un par de día antes en Génova) y en la que jinetes de cada una de las nueve casas de la ciudad compiten para recorrer la plaza del Campo en el menor tiempo posible. Siena, rica y hermosa, donde nace el actual sistema financiero que nos trae a todos de cabeza últimamente.
Salimos por la mañana del hotel, no muy temprano pero más descansados, y tras visita al centro de información subimos a la torre Mangia. La altísima torre -unas guías dicen 85 metros, otras más de cien- domina e impone su presencia sobre la ciudad. El nombre le viene del alto sueldo que cobraba el aldabonero, llamado Mangiaguadagni (devorador de dinero). Pasamos largo rato en la altura distinguiendo en la ciudad los palazzos, plazas, fuentes e iglesias y sus historias.
Tras la torre visitamos el Palazzo Publico, situado a sus pies y cerrando la plaza del Campo. En su rico interior disfrutamos como enanos con sus limpias salas y sus frescos que insisten en recordar las virtudes de un buen gobernante (son impresionantes las obras Alegoría del Buen y del Mal gobierno, en la sala de la Paz, así como la sala del Mapamundi). Tanto tardamos que apenas si conseguimos despegarnos de su fulgor al mediodía.
Tras la comida frugal fuimos al Duomo. Otra preciosa catedral, similar a la de Florencia -ciudad con la que por cierto Siena tiene una amarga historia-, de franjas negras y blancas, colores del escudo condal. Su interior nos asombró; en el suelo hay más de cincuenta placas de mármol en las que se cuentan historias de la biblia. Algo más de recorrido por el batisterio y las criptas nos dieron más detalles sobre la riqueza del complejo.
Nos queda aún la noche para terminar de despedirnos de esta ciudad de curiosas tradiciones y estilo único. Si el calor no nos lo impide, la disfrutaremos hasta la última gota (de nuestro sudor, se sobreentiende).
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