lunes, 19 de julio de 2010

18 de Julio - Bérgamo y vuelta a casa

Bajamos de las alturas de Como mucho más tranquilamente que a la ida. Ahora sabíamos a dónde ir a diferencia de dos días atrás. Cruzamos el pueblo y las carreteras lombardas hasta Bérgamo, donde aparcamos y nos dimos una pequeña vuelta. El casco antiguo está en lo alto de una colina, y desde las antiguas murallas se pueden ver las torres y casas del moderno Bérgamo sin que sea difícil imaginarse los antiguos campos de labranza.

El pueblo es pequeño pero tiene una preciosa plaza medieval, cerrada, a la que se llega tras cruzar un tranquilo y solitario lavadero. La plaza tiene unas escaleras decoradas con geranios en uno de sus lados, y una fuente de leones en el centro que recuerda la dominación veneciana. Junto a ella, la capilla de los señores de la villa, ricamente labrada.

Después de esta última visita nos dirigimos al aeropuerto. Entregamos el coche de alquiler -no han notado un pequeño rallón que nos hicieron en un aparcamiento- y fuimos a hacer el checkin de maletas. Pero oh sorpresa! Sobrepasamos el límite permitido de peso en 12 kg, y la azafata nos informó de que había que pagar un suplemento de.. 20e por kg extra! Ante la situación decidimos comprar otra maleta y facturarla adicionalmente, con su gasto extra correspondiente. Esto nos pasa por elegir Ryanair..

Superado el último incidente esperamos tranquilamente a que llegara nuestro vuelo y nos trajera de vuelta a Madrid. Ha sido un viaje muy completo y ajetreado. Lo hemos pasado bien.

Finalmente tengo que volver a acordarme de Carolina y Luis, quienes no han podido disfrutar de él. Espero que Caro se recupere pronto.

Hasta la próxima!

domingo, 18 de julio de 2010

17 de Julio - Como y alrededores

Pues creo que el esfuerzo sí que valió la pena. Toda la subida en coche, por empinadas calles de un solo carril, al final se puede resumir en un pequeño trayecto en autobus, y una rápida bajada en funicular, desde el que se tienen unas increíbles vistas sobre el lago y la ciudad de Como. Esa fue la ruta que seguimos este sábado por la mañana para llegar a la ciudad. Nada más bajar, preguntamos en la oficina de turismo y nos recomendaron una ruta por el lago en barco, que decidimos tomar.

Para nuestra alegría, Como no es igual que Garda, tal vez por lo escarpado del terreno o por la peor calidad de las carreteras, que hacen el lago más inaccesible. Aquí los pueblos se extienden desde el lago hacia la montaña como un racimo de uvas, buscando las vertientes naturales. En los pocos espacios algo más llanos -pequeños siempre- se agolpan los campanarios y las casitas unas encima de otras formando imágenes de postal. A la orilla, las casas de los afortunados, algunas veces con su ascensor para acercar a los propietarios a una carretera superior, o al resto del pueblo.

La vuelta por el lago nos encantó. Vimos cascadas, palacios con entradas majestuosas de estatuas y cenadores que dan al lago, puertos mínimos, césped recortado en la orilla empedrada. Yo dormí un poco a la vuelta, con la brisa del lago refrescándome. Las montañas están todas verdes hasta lo alto. En los puertos y barcos todos sonríen. Evidentemente, Como no es el mar del Norte.

Después del paseo en barco y tras la comida nos acercamos a uno de los palacios de Como, que albergaba una exposición de Rubens. Dudamos entre la exposición y darnos un baño; finalmente prevaleció la segunda opción porque la tarde era cálida y un poco bochornosa. Tampoco en Como hay playas, nos sorprendió encontrar que nadie se baña y si lo hacen, es en piscinas junto al lago. Nosotros nos cambiamos en unas escaleras que bajaban hacia el lago, entre los barcos, y ahí nos dimos un chapuzón que nos sentó divinamente. El agua está limpia y prueba de ello son los numerosos patos y peces que pueden verse por todas partes.

A media tarde cogimos el funicular de vuelta y estuvimos esperando tranquilamente a que llegara el último autobús para subirnos de vuelta a nuestro hotel. En el hotel nos tomamos un vinito muy relajados mientras observamos el atardecer en el lago y el acercamiento de una tormenta desde la cercana Suiza. Echamos muchísimas fotos porque la vista era preciosa y terminamos el día descansados y contentos habiendo aprovechado nuestro día en el lago mucho más de lo que esperábamos.

viernes, 16 de julio de 2010

16 de Julio - Más Milan

Terminamos de rematar la faena en Milán el día de hoy. Nos acercamos a primera hora a subir aì las torres de la catedral. Unas vistas preciosas y una catedral increíble. Las numerosas estatuas observan al mundo desde las alturas y otorgan una majestuosidad sin igual al edificio. Nos extendimos más de lo que deberíamos en las alturas porque lo merecía.

Tras la catedral, nos dirigimos a la iglesia de San Ambrosio, que alberga antiguos mosaicos, no tan hermosos como los de Rávena pero sí igual de antiguos. Un poco más al norte nos acercamos a Santa María de Gracia con la intención de ver La Última Cena de Da Vinci; por desgracia, sólo se puede visitar previa reserva, y todas las visitas estaban completas para el fin de semana. Otra vez será.

Desde esta iglesia y ya notando de nuevo los efectos del calor conseguimos entrar a tiempo en el museo de arte contemporáneo, donde pudimos ver una chocante exposición del artista chino Zhang Huan. Yo ya había visto parte en Madrid, Lurdes no recordaba nada. A ambos nos gustó verla. Después entramos en el cercano Museo de Arte Moderno donde pudimos ver algunos cuadros más, impresionistas los mejores, como el famoso Tercer Poder.

Terminadas las visitas culturales dedicamos un rato más a pasear por las famosas calles de moda de Milán -Gucci, Versace, Dolce&Gabanna, etc etc- sin conseguir que nos echaran por "mal aspecto". Despedimos a Milán con un heladito antes de salir hacia el lago Como.

La travesía hacia nuestro hotel en el lago Como también fue una pequeña odisea. El hotel esta situado en todo lo alto de un monte cercano y hay que recorrer estrechas y empinadas carreteras para llegar a él. Desde allí escribo; espero que el esfuerzo de llegar aquí valga la pena.

15 de Julio - Milán

Tan desencantados quedamos del lago Garda que decidimos recortar en un día su visita para ampliar el tiempo a pasar en Milán. Así que hoy nos levantamos, recogimos las cosas para dejar el hotel en Garda (el dueno simpatiquísimo, por cierto) y nos acercamos antes de irnos a visitar las ruinas romanas de Sirmione, las llamadas Grutas de Catullo.

Estas ruinas corresponden a un complejo de casas y templos situados, astutos romanos, justo en el término de la península de Sirmione, con vistas de casi 360 grados sobre todo el lago. Nos resultaron interesantes, aunque nosotros, que hemos visto ya Roma y Atenas, hemos ya alcanzado tiempo atrás el techo de nuestra poca erudición en el tema. La visita sirvió además para perder de nuevo un par de litros de líquido corporal y tomar unas granizadas riquísimas.

Milán es una ciudad de gran historia, que llegó a ser capital del imperio romano. Fue destruida, abandonada y reconstruída varias veces, siempre surgiendo más poderosa e innovadora tras cada renacimiento. Después de la reunificacion de Italia, compitió con la mismísima Roma para ser la capital, y aunque no fue la elegida, sí es capital de facto en varios aspectos; el económico y cultural.

El hotel en Milán lo cogimos expresamente lejos del centro. De acuerdo a todos los comentarios que habíamos recibido, e incluso a las recomendaciones de las guías de viajes, no es aconsejable entrar con el coche al centro de Milán. Dejamos por tanto el coche en el hotel y nos desplazamos al mediodía al centro en autobús y luego en metro. Creo que hicimos bien.

Lo primero que vimos cuando salimos del metro fue la tremenda catedral de Milán, una fachada inmensa y blanquísima decorada con cientos de estatuas y ornamentos. Personalmente, no creía que fuera a impresionarme tanto como lo hizo. Tanta es su riqueza y complejidad que tardó más de seiscientos años en completarse.

El interior está pensado para sobrecoger. Tiene una planta de cinco naves -hecho poco habitual, lo acostumbrado es tres- y un techo altísimo; en las naves laterales hay vidrieras estrechas pero muy alargadas de una gran belleza. Dedicamos largo rato a descubrir las historias en ellas talladas, y a deleitarnos con los colores deslumbrantes de la vidriera trasera por la que entraba el sol de la tarde. El presbiterio era simple pero elegante. Circular, elevado con escaleras concéntricas, un simple altar en su centro otorga toda la relevancia al rito en sí más que a los ornamentos y decoraciones.

Salimos de ella muy impresionados. Cruzamos la cercana galería de Victor Manuel, que celebra la unificación de Italia, y nos dirigimos hacia el distrito noroeste, donde cruzamos a través del castillo de los señores feudales milaneses (los Sforza) y paseamos un rato por un parque coronado por un arco del triunfo napoleónico. En el interín nos picaron abundantes bichos, eso sí. Milán rebosa vida por sus calles, y se nota que es una ciudad tocada por la moda. Lurdes estaba (me dice en estos momentos que hay una expresión francesa para ello, lache vitrine) muy sorprendida por los modelitos que llevan las chicas, sobre todo las que van en bici. Ella también me hizo notar la gran cantidad de mujeres árabes, cubiertas por sus negros ropajes de pies a cabeza, que entraban y salían de las más famosas tiendas de moda.

Tras buscar infructuosamente durante más de una hora un lugar decente para cenar -en Milán son corrientes los viajes de negocios, y muchos locales ajustan sus precios pensando en ello- nos tomamos unos kebab y nos volvimos tan panchos al hotel muy contentos por haber descubierto esta ciudad tan interesante.

14 de Julio - El lago Garda en su (no) esplendor

Nos acostamos tarde la noche anterior, asíi que hoy lo tomamos con calma. Caminar por las calles de las ciudades con este calor tan tremendo que hace es como nadar en una piscina caliente.. el aire se le queda a uno pegado a la piel y a la ropa.

El lago es parte de tres provincias distintas; Verona, Brescia, y una provincia norte. Cuando preguntamos en cualquier oficina de turismo, según la provincia a la que pertenezca ésa es la información que nos dan; por tanto, siempre fragmentaria.

De las dos orillas del lago Garda, decidimos explorar la Este, es decir, la veronesa. Habíamos leído que es una provincia vinícola y con algunos pueblos costeros medievales y renacentistas. La orilla Oeste, por contra, parecía repleta de iglesias y nada más. La orilla norte (el Norte, ese gran desconocido) caía demasiado lejos de nuestro alcance por ser accesible sólo por carreteras estrechas y tortuosas.

En cualquier caso; vaya chasco de lago. Descubrimos a nuestro pesar que las orillas del lago están repletas de campings, hoteles, ciudades y plantas. Las playas no son playas de arena sino playas de piedrolas, piedrecitas a lo sumo; vamos, que no son playas en un sentido estricto malagueño. Tras varias intentonas frustradas de acercarnos con el coche entre las urbanizaciones y campings, finalmente logramos aparcar a tomar viento de un pueblo y tras acercarnos laboriosamente a pie hasta una raquítica playita nos dimos un chapuzón en un agua calentorra y atestada. El chapuzón al menos nos refrescó momentáneamente. Tras salir, el caldo ambiente nos dejo de nuevo aplatanados.

Recorrimos así un par de pueblos más. La carretera, mala, estaba salpicada de rotondas y pasos de cebra que nadie respeta, Comimos un poquito en un hotel y nos volvimos a Verona, ciudad que nos encantó. Pasamos allí el resto de la tarde, disfrutando de un paseo nocturno por sus bonitas calles y plazas. Yo me conecté un rato a internet para seguir escribiendo el blog, Lurdes se fue por su cuenta a dar una vuelta y seguir explorando esta ciudad que nos ha enamorado. Al anochecer, encontramos una enoteca familiar donde tomamos un buen vino y una buena cena antes de volver al hotel en Garda, desencantados por el lago pero contentos por haber podido disfrutar, por última vez en nuestro viaje, de Verona.

miércoles, 14 de julio de 2010

13 de Julio - Verona, la ciudad del amor

Sí, la ciudad del amor, y de Romeo y Julieta. No esperábamos mucho de esta ciudad tras haber visitado ya unas cuantas del mismo estilo -renacentistas, medievales, romanas- pero la verdad es que Verona nos sorprendió mucho, y no sólo por el mito de los amantes. Con un casco historico muy cuidado y ajetreado pero no demasiado, encontramos muchas cosas que ver. El colosal anfiteatro romano, el segundo más grande de Europa, centraliza la atención nada más llegar. Sin embargo reservamos su visita para la noche, pues tenemos compradas entradas desde Junio para la ópera Aída del festival de verano.

En vez de eso nos dirigimos hacia las plazas renacentistas y medievales de Signori y del Erbe. En la primera, una estatua de Dante observa la alta torre Lamberti y las cercanas tumbas de una de las poderosas familias locales, los Scaligeri (de los que también hemos encontrado rastros en el lago Garda). En la segunda, encontramos varias fuentes y un mercadillo local con la virgen del pueblo, que en realidad, es una antigua figura romana.

En una calle cercana entramos a la llamada casa de Julieta, de la casa de la familia de los Capella -de ahí viene el nombre teatral de Capuleto. Nos divertimos leyendo los fragmentos de la obra de Shakespeare y las diversas pinturas que recuerdan el mito.

Sin poder parar recorrimos después varias iglesias importantes de diversos periodos históricos y el teatro romano. El calor hizo estragos en nosotros y acabamos rendidos, con apenas tiempo suficiente de tomar un pequeño almuerzo-cena y un café como antesala de la ópera.

Aída es un enrevesado folletín egipcio donde el capitán de la guardia, el faraón y su hija, y los esclavos etíopes se entremezclan al ritmo que marca Verdi. Nos gustó la escenografía y el colorido; una inmensa piramide móvil dominaba el antiguo escenario romano, y la numerosa corte del faraón nos deslumbró con sus coreografías. Aún no terminamos de coger el gusto a esta modalidad teatral -sin el libreto no nos hubiéramos enterado de nada- pero el escenario y el momento sí fueron muy aprovechados. El culo, eso sí, se resintió tras las casi cuatro horas de suplicio sobre las gradas de piedra.

Volvimos a Garda a tiempo para tomarnos unas cervezas, refrescarnos y descansar hasta bien entrado el día siguiente.

12 de Julio - Primer contacto con los lagos

Como introducción y siguiendo el ejemplo de algunas intrascendentes charlas, hablaré del tiempo. Estamos pasando un calor tremendo. Desde luego que vamos prevenidos; llevamos botellas de agua y paramos frecuentemente, pero el calor no nos lo quita nadie. Sudamos como cosacos, si es que los cosacos sudan. Sudamos como polos helados puestos sobre una sartén. La ventaja es que nunca se nos caen los planos pues se quedan pegados a las manos. No voy a comentar las desventajas porque llenarían varios blogs.

En fin, descansamos tranquilamente en Vicenza y su cómodo hotel para, por la mañana, realizar una de las rutas, la Paladina por supuesto en honor a Andrea Palladio, siguiendo las indicaciones de una audioguía por mp3 que alquilamos en la oficina de turismo. Como esperábamos, no nos aportó demasiado, yo no llegué a comprender porqué la Unesco ha protegido a tantos de estos edificios cuando en nuestro pais tenemos otros tantos igualitos y sin protección alguna. Los motivos de la ONU son inestructables. La gran pena, que por ser lunes todos los museos y edificios estaban cerrados al público.

Invertimos el resto del dia a desplazarnos a Sirmione, a orillas del lago Garda, donde tuvimos un primer contacto con los lagos del norte de Italia. Primera; no tienen playas, si acaso, playas de piedrecitas. Segunda; hay muchos, muchísimos turistas en verano. Tercera; todo terreno en contacto con el agua está ocupado bien por hoteles, bien por embarcaderos, bien por campings, ciudades, plantas y patos. Acostumbrados al espacio costero en nuestra Málaga natal, dudamos que los lagos nos lleguen a emocionar mucho.

Recorrimos la península de Sirmione, con su castillo medieval, y pasamos una buena velada nocturna escuchando un concierto de música de un colegio inglés capeando la humedad y el calor con movimientos suaves y pausados.

11 de Julio - Hasta pronto, ciudad del agua!

Hoy dejamos Venecia. No nos resultó triste pues la hemos disfrutado hasta el final. Pero la verdad es que nos hubiera gustado quedarnos más días, una semana, un mes.

Dedicamos el dia a pasear (cómo no!) pero también a localizar algunos recuerdos. Lo cual no es una tarea sencilla, dada la gran cantidad de tiendas y de regalos disponibles. Lo más recurrente; las máscaras, aunque es difícil encontrar una tienda de artesanía propia en la que ellos mismos creen el molde primero y lo pinten después. A Lurdes le gustó el modelo de médico, que es una máscara blanca con una larga nariz. Al parecer, durante el tiempo de peste, los médicos la utilizaban para evitar el contagio. En el hueco dentro de la larga nariz introducían un pañuelo mojado en vinagre con la creencia de que este remedio impediría la transmisión de la enfermedad.
A mí me gustó el modelo Casanova, con la parte de la mandíbula separada del resto de la cara. Cuando me pongo una máscara parezco el hombre lobo. porque al taparme la cara, sólo se ve el pelo y la barba, dando la impresion de que lo que esconde la careta también es pelo. Jeje.

Otro recuerdo de Venecia son los cristales de Murano. Ayer no pudimos comprar nada en la isla porque cuando llegamos ya estaba cerrada, pero en Venecia hay muchísimas tiendas con este famoso cristal. Hemos añadido algunas flores de cristal a nuestra colección particular, tal vez suficientes para hacer un pequeno ramo transparente y colorido.

En fin, que entretenidos con los paseos y las compras se nos fue la mañana. Volvimos al aparcamiento de Tronchetto, donde nos llevamos un pequeño susto -no encontrabamos el coche, jeje- y salimos disparados.

Nuestro siguiente destino es Vicenza, ciudad romana, medieval y renacentista, bendecida (segun la Unesco) por la presencia impalpable del arquitecto Andrea Palladio. Este buen hombre diseñó y emprendió la reforma de la ciudad siguiendo los dictados de los cánones renacentistas, y ha dejado para la posteridad numerosos edificios de corte clásico; lease, altas columnas, estatuas pseudogriegas, fachadas al estilo de los antiguos templos. Paseamos un poco por la ciudad a media tarde, con el inevitable helado en las manos -a los italianos les encantan, no paran de comerlos-, descansando en la tranquila ciudad después del ajetreo y bullicio de Venecia. Por la noche, cenamos en un buen restaurante y nos vimos arrastrados hasta un bar, donde sudamos por lo menos la mitad del agua de nuestros cuerpos viendo la final de fútbol de España. Afortunadamente, en el bar todos estaban a favor de nuestro país, y además todo terminó como ya sabemos. Después de este suceso y en adelante, cada vez que nos identificamos en alguna parte, siempre encontramos a un italiano que nos felicita por la victoria.

martes, 13 de julio de 2010

10 de Julio - Navegando por Venecia

El día comenzó como el anterior, luminoso, caluroso y despejado. Nuestro plan para hoy; recorrer varios barrios más, y aprovechar la tarjeta de transportes que compramos ayer, y que nos permite coger todo vaporetto que nos apetezca.

Muy cerquita de nuestro hotel, callejeamos -callejear es la palabra más adecuada para describir el movimiento a pie por Venecia- hasta el Gran Canal, desde donde tomamos el vaporetto número 1 hacia la plaza de San Marcos. Cogimos este vaporetto concreto, porque es el único que va lo suficientemente despacio para permitirnos apreciar los palazzos situados a los lados del Gran Canal; algo así como la Gran Vía de la ciudad, donde los ricos y poderosos gustaban de mostrar sus bellos jardines y caserones.

Así pues, disfrutando ya desde la primera acción del día, desembarcamos algo más allá de San Marcos, en la zona llamada Arsenale. Es una zona del barrio de Castello donde se encuentran los astilleros, muy concurridos en su época al haber sido Venecia una de las primeras potencias navales del Mediterráneo. Aunque hoy en día no se pueden visitar más que por fuera (son instalaciones militares), el barrio es uno de los antiguos en el que realmente viven venecianos.

Desde Castello volvimos a San Marcos. Lurdes sigue hiperactiva, dispuesta a arrebatar hasta la última gota de cada canal por el que cruzamos. Para el que no haya estado en Venecia; prácticamente a cada dos pasos debes cruzar un canal. De ahí la hiperactividad de la sudodicha. Como iba diciendo, al llegar a San Marcos pasó lo que ya esperamos; de día las muchedumbres de turistas desembarcados in extremis hacen intransitable la plaza, e invisitable la basílica, objetivo de nuestro camino. Decidimos dejarlo para más tarde y en vez de eso nos dirigimos hacia el puente Rialto.

El puente Rialto fue en su día la única manera de cruzar el Gran Canal, que divide la ciudad en dos con una enorme zeta. Es un puente sobre el que hay casas, al estilo del Ponte Veccio en Florencia, y que conecta el barrio de San Marcos con el barrio de Santa Croce. Tras cruzarlo entramos en la zona de mercados, junto al agua. En una ciudad como Venecia, las mercancías llegan al centro en barca, lógicamente, y es en este punto donde desembarcan y la venden. Compramos algo de fruta -ayer fueron unas pocas cerezas, hoy unos albaricoques- y nos perdimos por los callejones, pues no hay otra manera más gratificante de ver la ciudad.

Volvimos a coger un vaporetto y desembarcamos en el barrio de Dorsoduro, al sur. Junto a la altísima basílica de la Santa Salute comimos un trozo de pizza y sin perder ni un minuto decidimos aprovechar la hora vulnerable de los turistas -el mediodía- para visitar la basílica de San Marcos. El calor nos impidió disfrutarla completamente; repleta de mosaicos, con artesanía de primer nivel, la basílica era el lugar preferido de los Grandes Duques de Venecia para impresionar a los dignatarios extranjeros. Los mosaicos, sin embargo, carecían de la frescura y colorido de los que vimos en Rávena.

Sin perder un segundo y para aprovechar al máximo el bono de transportes, cogimos de nuevo el vaporetto para cruzarnos la laguna hacia Burano, pequeña islita de casas coloridas y alegres, y después para llegar a la fantasmal Murano. Digo fantasmal porque a partir de las seis de la tarde todos los comercios cierran, hay que entender que la mayoria de los comerciantes vienen a Venecia desde Mestre -pocos viven en la muy cara Venecia- y por tanto los horarios son respetados escrupulosamente.

Después de la Gran Paliza de día, a Lurdes aún le quedaba cuerda para seguir recorriendo la ciudad, con más energía que el más duro de los conejitos de Duracell. Yo claudiqué y caí exhausto en el cuarto, contento por haber aprovechado el día. El plan para mañana es terminar de visitar los barrios que nos han quedado pendientes y comprar algunos regalitos.

lunes, 12 de julio de 2010

9 de Julio - Ferrara y periplo veneciano

Nos resultó un poco decepcionante esta ciudad, que también es Patrimonio de la Humanidad; en este caso, por un centro histórico renacentista y medieval. Para empezar, las obras; ya nos hemos encontrado con varias ciudades con obras que tapan o "mutilan" algunos monumentos. En el caso de Ferrara, además, las calles estaban levantadas con gran ruido de máquinas y trasiego de enfadados vehículos.

El castillo medieval, en el centro del casco histórico, y la catedral y sus alrededores fueron lo más interesante. Agobiados por las bicis, ya que no los coches -el casco antiguo, como ya se ha comentado, está cerrado al tráfico rodado en la mayoría de las ciudades históricas que hemos visitado-, pasando un calor extraordinario y acosados por los mosquitos, dijimos adiós a Ferrara para llegar por una vez con un poco de desahogo a Venecia.

O eso pensábamos. Nuestro plan era dejar el coche en los aparcamientos más baratos de la costera Mestre (ciudad dormitorio, o de expansión, de la masificada isla), y desde allí, coger el tren hasta la estación de Santa Lucía en la misma Venecia. Pero tras pelearnos con las señales y elegir el giro erróneo en una rotonda, acabamos en el camino inexorable a Venecia, hacia el puente que conecta la ciudad con tierra. A mitad de camino paramos en un aparcamiento en mitad de ninguna parte con intención de dejar el coche y tomar el tren en una parada intermedia... y hete aquí que descubrimos... ¡que había huelga de transportes!

Como no se puede luchar contra los elementos, decidimos continuar hasta la misma isla y dejar el coche en los aparcamientos de la isla Tronchetto, que, aunque más caros, nos permitieron por fin dejar el coche y dedicarnos a disfrutar.

El paseo del coche al hotel fue ya un preludio de lo que íbamos a disfrutar. Había que ver la cara de Lurdes al cruzar los primeros puentes.. un cielo azul, el agua verde, los gondoleros, los palazzos y las iglesias.. dejamos las bolsas en el hotel, muy limpio y aseado por cierto (tengo que hablar de los alojamientos cuando encuentre un hueco!) y salimos a pasear por las calles de nuestro barrio o sestiere, Canareggio. Al alejarnos de las calles principales y de las masas turísticas empezó a obrar la magia. Yo, la verdad, estaba ilusionado por Lurdes; el descubrir una ciudad así por primera vez es una sensación única. Y le gustó, vaya si le gustó. Apenas podía dar dos pasos sin detenerme a esperarla, asombrada, extasiada o boquiabierta con cada canal, cada trozo de historia, cada piedra, cada gaviota, cámara en mano disparando sin parar, sonriente y contenta. Venecia es para ella.

8 de Julio - Rávena

Aunque el día anterior ya dimos una pequeña vuelta por la ciudad, no pudimos disfrutarla hasta este día, cuando pudimos entrar en las iglesias que salpican la ciudad y maravillarnos con los coloridos mosaicos que se conservan, perfectos y desnudos, en los techos.

Nos quedamos muy impresionados con el retrato de un cristianismo naciente (estamos hablando de los siglos IV y V) y de las imágenes de alegría y celebración de los ritos aún jóvenes. Jesús había vivido apenas poco antes para traer al mundo una luz de salvación, los mártires contaban historias de valentía y heroísmo, los apóstoles, santos y evangelistas son seres de alegría, renovación y color. Como ejemplo, la basílica de la muy cercana Classe muestra en el ábside a un Santa Apolinare con los brazos abiertos, en un prado verde de pájaros, pinos, ovejas como el rebaño de Dios bajo un cielo azul estrellado en el que Jesús observa y aprueba.

Muy diferente de las iglesias más modernas, ¿verdad? En las iglesias y basílicas de Rávena hemos visto capillas, batisterios, columnatas y ábsides con imágenes de cielos estrellados, de animales, de naturaleza y figuras de santos, obispos e incluso emperadores, cercanos, humanos, reconocibles. Alrededor de diez iglesias son Patrimonio de la Humanidad.

Además Rávena es una ciudad tranquila, como otras tantas en Italia, cerrada al tráfico en su casco antiguo, lo que permite disfrutar y pasear sin prisas, desde el mausoleo de Dante hasta la iglesia más pequeña. La artesanía, por supuesto, se centra en los mosaicos. No pudimos resistirnos y nos trajimos una copia del cielo dorado de una pequeña capilla de oración junto a la catedral, repleta de pájaros.

Rávena nos supuso un refrescante cambio frente a las ciudades renacentistas y medievales que habíamos visto hasta ese momento. A media tarde nos despedimos hacia Ferrara, nuestro próximo destino de camino a Venecia.

jueves, 8 de julio de 2010

7 de Julio - Galería Uffici y presentación de Rávena

Tras un breve madrugón, el día 7 esprintamos para entrar a la galería Uffici a las 08:15. Las galerías se elevan sobre el callejón Basariano y con una vista espléndida y privilegiada sobre el Ponte Veccio y la plaza Signoria. Los dos corredores contienen una colección histórica de primera magnitud. Por un lado, las estatuas griegas y romanas que los Medici fueron adquiriendo; por otro, los retratos de todos los influyentes miembros de la poderosa familia, junto con los lienzos de las personalidades de la época. A los lados de los corredores, numerosas salas albergan los trabajos de los grandes maestros del renacimiento y sus sucesores; Da Vinci, Miguel Ángel, Lippi, Giotto, Lorenzetti, Orcagna, Botticheli, Tiziano, Caravaggio, Mantegna, Rafael...

En la galería empleamos toda la mañana y sin esforzaros mucho. Fue una inmersión en arte a la par que en multitudes. Salimos finalmente de Florencia hacia Rávena, cansados aunque felices, sobre todo recordando la tarde tranquila del día anterior.

Llegamos a Rávena ya entrada la tarde, demasiado como para poder iniciar una visita. El albergue nos alegró la llegada, el ambiente era muy colorido y amigable. Tendremos que hablar del alojamiento en otra entrada porque creo que merece la pena. Desde el albergue hasta el centro de Rávena hay unos veinte minutos a pie.

La ciudad de Rávena era a mis ojos una gran desconocida. Rávena fue capital del imperio romano de occidente, y tiene una curiosa mezcla de cultura y artes, provenientes por un lado de los restos del imperio, y por otro del imperio bizantino en auge. La marea creciente del primer cristianismo dejó sus huellas también en esta ciudad. El resultado es una mezcla y un esplendor único en las construcciones religiosas, sobre todo en el ámbito de los mosaicos.

Dimos una vuelta nocturna por la ciudad y nos retiramos agotados a descansar.

6 de Julio - Florencia

Dedicamos todo el seis de Julio a visitar de nuevo Florencia. Ambos ya la conocíamos, al menos de pasada. El centro histórico es pequeño con lo que nuestro plan fue recorrer la ciudad tranquilamente, sin prisas, y disfrutando del trayecto.

Llegamos a media mañana y nos sumergimos en la vorágine de turistas depositados en la ciudad. Ya no recordaba lo que era. Decidimos dejar los lugares principales para la noche, cuando los turistas ocasionales se hubieran marchado. Estuvimos callejeando; pasamos por la casa donde vivió Miguel Ángel, y por la iglesia donde están enterradas todas las celebrities de la época (Galileo, Miguel Ángel, Maquiavelo, Rossini, Marconi...), la Santa Croce. Paseamos también por algunos palazzos, como el de Cosme el Viejo, y por las basílicas que construyeron los Medici.

Tras la comida, fuimos de nuevo en busca de más iglesias. Pudimos entrar a la de Santa María Novella; fue un poco saturación de arte eclesiástico, la verdad. Para despejarnos, cruzamos el Ponte Veccio, precioso y mágico como esperábamos, con todas sus tiendas de orfebrería. Cuenta la historia que antiguamente había tiendas de curtidores y herrerías, que como era de esperar, usaban el propio río para arrojar los desperdicios; en una ocasión, uno de los Grandes Duques cruzó el puente y se quedó asqueado del terrible olor. Mandó expulsar a todos los comerciantes y trasladó en su lugar a los orfebres, gremio con mejor reputación olfativa.

Al otro lado del Ponte Veccio no pudimos visitar los jardines de los Pitti, ya cerrados, pero sí pudimos realizar una pequeña excursión a lo alto del monte para ver de lejos la ciudad renacentista. Fue un poco paliza porque hace mucho calor, pero el esfuerzo mereció la pena. Las vistas desde lo alto eran inmejorables. Además pudimos disfrutar de una pequeña iglesia (otra!) donde monjes cantaban cantos gregorianos en la penumbra.

Bajando de nuevo hacia el centro, según se acercaba la tarde, fue cuando más pudimos disfrutar de la ciudad. El sol se ponía detrás del Ponte Veccio, en la playa pantallas gigantes retransmitían un partido del mundial de fútbol, y nosotros nos sentamos frente al palacio ducal, bajo la mirada del David de Miguel Ángel, disfrutando de los siglos de historia y arte que teníamos ante nuestros ojos.

5 de Julio (bis) - Anécdotas de Siena

Aquí va un recopilatorio de algunas de las anécdotas de Siena:


- La catedral y el batisterio se encuentran a diferente altura. En las escaleras de mármol que conectan a ambos hay un escalón mellado. Corresponde al lugar donde la santa local, Santa Catarina, se golpeó contra el suelo tras haber sido empujada por el diablo, perdiendo dos dientes. El lugar conmemorativo está marcado con una X sobre el suelo. Lurdes y yo recorrimos todos los escalones y finalmente encontramos la X, aunque el escalón no estaba mellado. Tenemos que suponer que la X fue donde el diablo empujó a la santa, y que el golpe se produjo varios escalones más abajo.


- Justo frente del batisterio vive un notario con el nombre Massimo Pagano. Verídico, tenemos incluso un vídeo que lo corrobora.

- En uno de los barrios hay una estatua de la Virgen, Santa María In Provenzano. En el siglo XVI, un español disparó su trabuco contra ella; el trabuco explotó, matando al soldado y dejando a la virgen intacta. El suceso fue considerado un milagro y desde entonces, para conmemorar el hecho, se celebra en Siena la famosa carrera de caballos (el Palio) en la plaza principal.


- En la vía de Castelveccio se produjo otro milagro. Se dice que en un fresco de la pared donde estaba dibujada la virgen se posó un cuervo portador de la peste negra. El cuervo, según la leyenda, cayó fulminado por un rayo. La leyenda toma entonces dos interpretaciones; en una de ellas, el suceso detuvo la propagación de la peste en Siena. En otra, fue justamente la muerte del cuervo la que inició la pandemia. De lo que nadie duda es de que el cuervo fuera electrocutado; a la virgen se la conoce como La del Cuervo.

- Hay un edificio con la ventana más pequeña del mundo, el Palazzo Chigi Piccolini. Cuando construyeron el edificio descubrieron que había quedado un hueco durante la construcción, que no pudieron cerrar, y decidieron dejarlo como ventana.

- Hay un fantasma en el jardín botánico que en realidad es el busto de nuestro conocido Felipe Neri.

- Hay una columna que aparentemente está invertida; el capitel están en el suelo, mientras que la jaula de metal está sobre la columna. Durante mucho tiempo los estudiosos pensaban que esto era así porque en tiempos hubo un ídolo sobre la estatua, y con la llegada del cristianismo, los creyentes decidieron enterrarlo volteando la estatua.
Estudios más modernos indican que la jaula contenía telas impregnadas en brea que se encendían para alumbrar la calle.

- A las 12:30 de la noche, mientras estábamos en la plaza del Campo tomando un helado gigante de cucurucho, aparecieron por una esquina de la plaza un grupo de personas tocando el tambor y volteando banderas de uno de los barrios o contrades. Recorrieron la plaza circularmente y cuando volvieron al punto de origen dejaron de tocar y se dispersaron. Nunca averiguamos el motivo.

lunes, 5 de julio de 2010

5 de Julio - Siena imperial

Aunque no es cierto, Siena no es imperial sino republicana, la idea que se queda en la cabeza tras visitarla es de majestad. Siena, la ciudad orgullosa de sus orígenes, pues tiene lobas amamantando niños en casi todas sus plazas. Siena, con su extraña y original plaza con forma de concha, donde el centro de poder que representa el palacio ducal está extrañamente situado a nivel más bajo que todos los edificios que la rodean. Siena, con su Palio, la fiesta que repiten cada dos de Julio (no la hemos podido ver en directo, sí por la TV un par de día antes en Génova) y en la que jinetes de cada una de las nueve casas de la ciudad compiten para recorrer la plaza del Campo en el menor tiempo posible. Siena, rica y hermosa, donde nace el actual sistema financiero que nos trae a todos de cabeza últimamente.

Salimos por la mañana del hotel, no muy temprano pero más descansados, y tras visita al centro de información subimos a la torre Mangia. La altísima torre -unas guías dicen 85 metros, otras más de cien- domina e impone su presencia sobre la ciudad. El nombre le viene del alto sueldo que cobraba el aldabonero, llamado Mangiaguadagni (devorador de dinero). Pasamos largo rato en la altura distinguiendo en la ciudad los palazzos, plazas, fuentes e iglesias y sus historias.

Tras la torre visitamos el Palazzo Publico, situado a sus pies y cerrando la plaza del Campo. En su rico interior disfrutamos como enanos con sus limpias salas y sus frescos que insisten en recordar las virtudes de un buen gobernante (son impresionantes las obras Alegoría del Buen y del Mal gobierno, en la sala de la Paz, así como la sala del Mapamundi). Tanto tardamos que apenas si conseguimos despegarnos de su fulgor al mediodía.

Tras la comida frugal fuimos al Duomo. Otra preciosa catedral, similar a la de Florencia -ciudad con la que por cierto Siena tiene una amarga historia-, de franjas negras y blancas, colores del escudo condal. Su interior nos asombró; en el suelo hay más de cincuenta placas de mármol en las que se cuentan historias de la biblia. Algo más de recorrido por el batisterio y las criptas nos dieron más detalles sobre la riqueza del complejo.

Nos queda aún la noche para terminar de despedirnos de esta ciudad de curiosas tradiciones y estilo único. Si el calor no nos lo impide, la disfrutaremos hasta la última gota (de nuestro sudor, se sobreentiende).

4 de Julio - Entrando a la Toscana por Lucca

Después de la inmersión en Pisa, nos dirigimos a Lucca, ciudad medieval cercana. Tras un paseo nocturno pasamos la noche en el albergue estatal. No sé si he pasado nunca más calor durmiendo que en el cuarto que me asignaron esa noche. Lurdes tuvo más suerte en el suyo. Ambos coincidimos con peregrinos de camino a Roma; Lucca debe ser un camino habitual.

Nos sorprendió mucho Lucca, por la gran vida que tiene y por la riqueza medieval de su construcción. Cabe resaltar que no encontramos ningún árbol por sus calles, ya que en la zona antigua, toda ella cerrada al tráfico, el suelo está completamente formado por bloques de piedra, igual que las casas y palazzos, lo que da idea de la riqueza que tuvo en su momento. También nos sorprendió la catedral con su fachada asimétrica y lo bien integrada que está la historia y la vida en las ciudades italianas. No en vano la población de Italia casi dobla a la española, y creo que las ciudades, incluso las no principales, gozan de buena salud.

A media mañana nos dirigimos hacia Siena por la ruta larga, es decir, a través de la Toscana. Llegamos a Volterra al mediodía, justo a tiempo para dar una pequeña vuelta y comer algo ligerito. Hemos tomado la decisión de comer ligero al mediodía -un trozo de pizza, un panini, un refresco- y descansar algo más por la noche, con la cena. Por donde iba; Volterra es un pueblo situado en lo alto de una colina, dominando las vistas a los llanos toscanos que la rodean, con una artesanía importante sobre el alabastro. Nos gustó mucho y la recorrimos enterita.

Desde Volterra nos dirigimos hacia San Giuliano, otro pequeño pueblo medieval, tallado en piedra costosa y orgulloso de sí mismo, como lo demuestran las catorce torres que se elevan de las casas de los comunes. En su época hubo más de cien torres en el pequeño pueblo, pues los nobles competían por erigir torres cada vez más altas en señal de su poderío. Aunque sólo se conservan catorce hoy en día, la publicidad turística la pregona como la Manhattan de Italia.

Pude dedicar un buen rato a contemplar el ajetreo de la plaza del Duomo, sentado en las escaleras de la inclinada plaza junto a los mayores del lugar. Habituados ellos, llevaban cojines para hacer más llevaderas las charlas y favorecer los comentarios sobre los transeuntes y turistas. Desde esta privilegiada posición descansé y me refresqué a la suave corriente del atardecer toscano. Lurdes mientras tanto recorría la catedral, famosa por sus frescos. Tiene un aguante inigualable para el arte y la exploración; los que no, debemos detenernos a procesar las experiencias a la estela de su ritmo.

A última hora de la tarde entramos en Siena, otra ciudad monumental, llamada la cuna del gótico. El recorrido nocturno fue espléndido; esta ciudad está exquisitamente iluminada, realzando su gran riqueza medieval. Lurdes y yo encontramos un restaurante en la curiosa plaza del Campo, donde se encuentra el palacio ducal, con forma de concha y curvada. Bajo la imponente presencia de la torre Mangia estuvimos charlando hasta tarde, y tomando un helado con suerte suficiente para ver una tamborada en honor a uno de los barrios de la ciudad, pues en estos días Siena está de fiesta.

sábado, 3 de julio de 2010

3 de Julio - Pisa

Como novedad y primicia, esta entrada va a ser escrita por Lurdes así que espero que los Hados le sean propicios. Os dejo con ella.. (redoble de tambores).. (se abre el telon y la luz ilumina el escenario desnudo).. (ayayayay)... (el publico está expectante)...

La Pisa de los milagros.

Aunque el plan para este día era visitar Cinqueterre, las circunstancias nos obligaron a cambiar. Preferimos dirigirnos a Pisa, disfrutar de la ciudad tranquilamente y llegar pronto a nuestro alojamiento, en Lucca.

La autopista nos llevó directamente desde Génova a Lucca, y encontrar los monumentos ya en Pisa no fue difícil, sólo hubo que seguir el río de turistas. Llegamos al medio día, con lo que el calor era casi insoportable, aunque también quizá eso nos ayudó a encontrar los monumentos más despejados.

La primera visión del conjunto es espectacular. Un conjunto de monumentos espectaculares en un entorno precioso se levantaban frente a nosotros. El mármol blanco relucía y destacaba sobre el césped verde. Estábamos delante de algunos de los monumentos romáanico-pisanos más importantes y ahora empezábamos a entender lo que era eso, lo que nos habían estado contando las guías. En la base se parece al románico pero la decoracion es totalmente diferente de lo que conocíamos.

Por supuesto, queríamos visitar todos los edificios, comenzamos por el Baptisterio. Un edificio redondo, acogedor y solemne por dentro con una sonoridad que eriza los pelos! Aquí el románico consiguió levantar altos edificios y hacer cúpulas en apariencia casi perfectas. El Duomo está lleno de luz, que entra a través de pequenos ventanucos. Lo primero que capta la atención es el enorme mosaico de cristo sobre el altar mayor. Lo segundo son las columnas en mármol blanco y negro que levantan y adornan todo el edificio, y que un poco nos recuerdan a la mezquita. El camposanto, mucho menos visitado, era un mar de tranquilidad. Por allí pudimos pasear tranquilamente, ver las antiguas tumbas y los enormes frescos en restauración, sobre el triunfo de la muerte y el juicio final.

Cada visita al interior de un edificio iba acompanado de la lectura de la guía de Pisa, casi siempre por parte de Isma.


Aquí acaba temporalmente la crónica de Lurdes, aunque estoy seguro de que la retomará en un futuro cercano.

Del 2 al 3 de Julio

Pesadilla nocturna. Así se puede resumir nuestra noche en Génova.

A una hora indeterminada de la noche, nuestra amiga Caro cayó de la cama. O eso suponemos porque estábamos todos dormidos, incluída ella. A consecuencia de la caída, se rompió el talón con gran dolor. La consolamos como pudimos, la reacción de Luis fue rápida y en unos minutos una ambulancia la recogió para llevarla al hospital más cercano.

Lurdes y yo durmimos esa noche como pudimos. A la manana siguiente Luis nos informó; era necesaria una operación, y en esta situación lo mejor era que se realizara en España para la necesaria recuperación. Nosotros recogimos las cosas y dedicamos el resto de la mañana a cambiar las reservas que pudimos de hoteles.

Finalmente a mediodía nos despedimos de Caro y Luis, ellos con un billete de vuelta a Málaga vía Milán, nosotros camino de Pisa. Sirva este suceso de recordatorio de la aleatoriedad de nuestra existencia. Es un poco dramático, sí. También quisiera que esta entrada, triste para nosotros, quede como recuerdo, anécdota y fuente para risas futuras, porque igual que todo viene, todo pasa. Recuérdalo en estos días difíciles Caro.

viernes, 2 de julio de 2010

2 de Julio - Génova

Hoy ha comenzado el viaje! Nos hemos levantado muy muy pronto -a las cuatro de la manana Luis, Lur y yo- y hemos salido para el aeropuerto en direccion a Bérgamo. Ha resultado gracioso ver la cara de Luis ante las curiosidades del vuelo de Ryanair, aunque esta vez han estado recatados..

No nos esperabamos un vuelo tan completo hacia Bérgamo, y sobre todo a esas horas. Una vez en Italia hemos ido a recoger el coche, y de nuevo nos ha sorprendido que hubiera que hacer cola. En fin, tampoco ha sido ninguna molestia importante; nos han dado un A4 ranchera, moderno y grande. Creo que lo usaremos bien.

El trayecto hacia Génova es bonito, con unas colinas verdes repletas de arboles entre las que se encuentran pequenos pueblos, cada uno con su iglesia y su torre. Génova ha resultado ser como la esperabamos, y un poco mas; como Malaga, pero con aquello que le falta a nuestra ciudad. La riqueza historica y el poderio economico y religioso se notan mucho. No en vano tiene muchas zonas protegidas por la UNESCO como patrimonio de la humanidad.

Una de las calles protegidas era la zona del Rolli. Los palazzos de esta calle son todos del renacimiento tardio o barroco. El sistema del Rolli consistia en unas listas oficiales en las que se apuntaban los tenedores de mansiones -unas cien, en su momento- para competir para alojar a los visitantes ilustres de la ciudad. Por tanto, engalanaban y cuidaban a sus palazzos lo mejor que podian, dando lugar a un entorno unico. Muy bonito.

La otra cosa que me ha gustado es la Iglesia de San Pedro sobre el banchi. Esta elevada sobre la plaza del mercado, y se cuenta que nacio como punto de discusion espiritual, opuesta al otro polo mundano que representa el primer banco moderno del mundo, el Genoves, muy cercano a la iglesia. Dentro hay un Cristo sin manos que apoya esta idea, pues se dice que Cristo no tiene manos para construir y que es por tanto el hombre quien debe hacerlo en su nombre. Me parecio una historia bonita y me gustaria terminar esta entrada con ella.

Nos vamos a cenar. Manana otro madrugon y visita a las Cinqueterra.